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Ser madre en el mundo laboral
Me parece una responsabilidad enorme hablar de temas de género, pero siempre pensé que solo los expertos podían hacerlo. Esta razón me impidió escribir por años de algo que he tenido entre pecho y espalda. Y como la coherencia es un valor que estoy cultivando en mí, y en todos los aspectos de mi vida, hoy decido hablar de la brecha que existe entre la maternidad y la vida laboral, un tema al que le había dado el poder a otros de hablar y del que ahora decido crear mi propia versión sin ser experta, ni vocera, lo único que me da aquí la autoridad de escribirlo es que soy mujer y madre.
Realmente no tuve que lidiar con discriminación de género cuando empecé mi carrera, no sentía que había una competencia entre hombres y mujeres en los lugares donde trabajaba, cada uno hacía lo suyo, todos brillaban, todos triunfaban… hasta que algo cambió en mi vida, abrí los ojos a una nueva realidad cuando fui madre y enfrenté los desafíos propios de mi nuevo rol.
Me volví más sensible al entorno porque empecé a tener las dificultades que antes no había identificado. Me enfrenté a la encrucijada de tener que decidir, en qué quería enfocarme, mi carrera o mi familia. Por un lado, deseaba trabajar y seguir siendo productiva, pero la verdad no me imaginaba teniendo reuniones hasta tarde en la noche, sin haber visto mi hijo en todo el día.
Empecé a sentir una empatía enorme por todas aquellas mujeres trabajadoras que siguieron con sus vidas laborales después de la licencia. Las admiraba, aún más, porque entendía lo que significaba hacer esta renuncia para seguir con sus carreras.
Fui criada por una madre soltera, que no tuvo otra opción que salir a trabajar cuando yo solo tenía 15 días de nacida. Y tal vez por eso quería escribir otra historia con mi maternidad.
Decidí ser independiente, y ahí entendí que debía abandonar todo lo que había construido laboralmente, para empezar una nueva vida que me permitiera ser madre como yo quería serlo, y en este caminar vi cosas que antes no había visto.
Al principio les dije que para mi no había representado ningún esfuerzo adicional ser mujer en el mundo laboral, lo cierto es que esa era la visión de una mujer que había normalizado ciertas cosas. Como, por ejemplo, nunca vi tantas mujeres en puestos de mando en las empresas, además de ir a congresos, eventos empresariales y de gremio donde las mujeres éramos minoría. Había normalizado ver a las mujeres de éxito que conocía siendo juzgadas por ser mujeres.
La verdad es que no había vivido en carne propia la discriminación y el prejuicio de ser mujer, pero sí que lo había visto y no me había dado cuenta.
Desde mis nuevos lentes pude ver, ver como amigas, familiares, clientas y conocidas batallaban contra los estereotipos; cómo intentaban que sus trabajos no les costara sus relaciones de pareja, como se tenían que hacer las fuertes, las invencibles, para no parecer débiles ante los hombres.
Recordé las veces que me iba a llorar al baño para hacer catarsis y no parecer débil. Imaginé a las que lloraron por dentro por no admitir que se sentían vulnerables, recordé las muchas veces que con los fuertes dolores menstruales que sufría iba a trabajar en tacones, porque en ese entonces por protocolo no podías ir sin tus tacones de ejecutiva.
Estando del lado de la maternidad resignifiqué el ser mujer y madre en este mundo. Sin el ánimo de sentir pena por mí. Entonces, pude ver lo que antes no había querido ver una realidad que está cambiando, pero a la cual le queda aún mucho camino.
Pude ver como muchas mujeres dejaron a un lado carreras súper exitosas por cuidar de sus hijos un tiempo más, y cuando quisieron regresar sintieron que ya no había lugar para ellas. También vi cómo algunas sí querían trabajar inmediatamente pero no podían, porque no había flexibilidad para ellas. Así, muchas tuvieron que escoger a las malas y todas tomaron una decisión en la que renunciaron a algo.
Creo que ninguna es mejor por el camino que tomó. Por esta razón no entiendo la absurda crítica entre nosotras hacia la que se va a trabajar o la que se queda en casa. Estoy segura de que cada una hace lo que puede, siente y cree que es mejor.
En lugar de hacer eso trabajemos como sociedad para crear un sistema que apoye lo que la mujer decida. Desde la empresa, dando oportunidades sin sesgos, abriendo vacantes de medio tiempo y trabajos parciales con contratos formales y fomentando culturas de trabajo con liderazgos responsables, donde se respete el espacio personal y la individualidad de cada ser.
La vida nos pone en situaciones cruciales donde tenemos que tomar decisiones trascendentales, una de estas es cómo va a ser nuestra participación laboral cuando nos convirtamos en madres, y puedo asegurar con cifras que el mercado laboral se pierde de grandes talentos por no tener la flexibilidad que se requiere con las mujeres.
Hay trabajos en los que hay que viajar, estar disponible más allá del horario, llegar más temprano, salir muy tarde. En Latinoamérica trabajar medio tiempo es algo exótico, no obstante, todo tiene un punto medio que parece no existir en estos casos.
Según el DANE en Colombia para el trimestre móvil mayo – julio 2022, la tasa de desempleo para las mujeres fue 13,9% y para los hombres 8,8%. Los números no mienten, las mujeres estamos en una franca desventaja y esto tiene grandes consecuencias.
Los siguientes párrafos son extractos de una nota del diario La República del pasado lunes, 11 de julio de 2022.
«Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en Colombia, la tasa de ingresos de las madres está 6,5 puntos porcentuales por debajo de las mujeres que aún no tienen hijos. No obstante, este no es la única dificultad. Este mismo informe revela que, la posibilidad de acceder a un empleo se reduce a medida que las mujeres deciden tener hijos. La participación laboral de las madres es de 55%; mientras para quienes no, la cifra llega a 62,1%.”
“En 2020, la OIT estimó que más de 2 millones de madres dejarían su trabajo, debido a, la extenuante labor que generaba trabajar desde casa y hacerse cargo de la educación y cuidado de los hijos. Sin duda, estos son factores que afectaron y lo continúan haciendo a la hora de promover la inclusión de madres trabajadoras especialmente, en cargos directivos y gerenciales, ya que estadísticamente a las mujeres les cuesta más esfuerzos el lograr ascender.”
Solo pienso en los grandes talentos guardados en casa empolvando sus conocimientos porque las circunstancias no les permiten volver a trabajar. En definitiva, el cambio lo deben protagonizar todos los actores del mundo laboral que con nuevos hábitos y acciones pueden cerrar esta gran brecha entre la maternidad y el trabajo.
Y aquí voy a abrir un espacio a una historia personal; cuando mi hijo tenia un año y medio recibí una oferta de trabajo de una importante empresa de mi país, estaba lista para volver al mundo corporativo, o al menos eso era lo que yo creía sin estar completamente segura, me ofertaron, acepté, envíe documentos y fui a un viaje que tenía planeado hacía meses. A mi regreso firmaría el contrato y entraría coincidiendo con el inicio del siguiente mes.
Durante el viaje me enteré de que estaba embarazada, y sentí que era importante que mí futura jefa lo supiera. Así que después de pensarlo mucho, se lo dije cuando regresé al país. Lo que se sucedió después de ese hecho fue lo más absurdo que he te tenido que vivir en mi vida laboral, fui descartada a tres días de ingresar porque, según ella, yo no iba a tener la capacidad de gestionar mi rol en mi estado, por los viajes y el estrés. Todo se vino al piso y yo sin cuestionar nada, lo acepté.
10 días después perdí ese embarazo por causas naturales, lo demás es historia.
Fue muy duro y triste enfrentar esa pérdida, y la sensación de impotencia de haber hecho nada por defender mis derechos, aún no sé porque no lo hice. Pero en retrospectiva tampoco habría querido trabajar en un lugar donde las personas pensaran así. Gracias a eso seguí adquiriendo más experiencia en lo que hago ahora y soy la profesional en la que me convertí.
No obstante, esta historia deja un sinsabor enorme, y nos muestra lo que somos como sociedad y cultura laboral. Este no es un tema de discriminación de hombres hacia mujeres, es una tema de discriminación de humanos contra humanos con las mismas capacidades intelectuales, pero con condiciones especiales para mostrar esas capacidades porque quieren cuidar de otra vida y crear familia.
Con estas circunstancias y con tantas renuncias dolorosas que algunas deben hacer, entiendo cuando las mujeres no desean tener hijos pensando en priorizar sus carreras, o si los quieren, los quieren tarde, muy tarde. Cuando ya hayan logrado sus metas.
La idea de lograr las dos cosas parece una utopía, mientras tanto cada día millones de mujeres toman decisiones y caminos que tienen que tomar, solo por el hecho de ser mujeres.
Tenemos que batallar con muchas realidades incomodas si queremos seguir con nuestras carreras sin dar un solo paso al costado, y por eso debe haber más mujeres y hombres unidos para darle un vuelco de 180 grados a esta situación, buscando la verdadera equidad.
¡Esto no se trata de ningún ismo, es un deber social!
MaR
Marcela Rojas – Headhunter- Career Coach